Nuestra Historia
Desde muy pequeña fui una soñadora. Siempre me cuestioné el sentido de la vida tal como nos la enseñaban: estudiar, trabajar, jubilarse… y luego morir. En mi interior sentía que la vida debía ser algo más: más profunda, más libre, más consciente.
Crecí muy cerca del mundo industrial. Desde temprana edad estuve asociada a fábricas de diferentes tipos de productos, y eso me permitió observar de cerca el esfuerzo, la constancia y la importancia del tiempo en los procesos productivos. Entendí que en ese entorno cada minuto cuenta, y que ofrecer productos de calidad, confiables y sin demoras es una forma de aportar un granito de arena al desarrollo de quienes trabajan día a día para crear.
A una edad temprana comencé también a alimentar mi mente con ideas distintas, inspirada por lecturas como Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki. Allí descubrí el concepto de “la carrera de la rata” y decidí que ese camino no era para mí.
Sabía que quería construir una vida diferente, y para lograrlo debía trabajar primero en mi mente, en mi libertad y en mi crecimiento interior. A lo largo de los años emprendí diversos proyectos, cada uno con sus desafíos y aprendizajes. No solo me formé en teoría empresarial, sino también en la práctica: enfrentando el autoboicot, la indisciplina y los hábitos que saboteaban mi avance.
Con el tiempo comprendí algo esencial: el verdadero camino hacia la abundancia no es sólo externo, sino interno. La vida me enseñó que para crear con propósito debía ser auténtica, tomar acción y, sobre todo, crecer espiritualmente. Porque entendí que la abundancia no es una meta, sino un estado de conciencia; y cuando llega sin trabajo interior, se va tan rápido como vino.
Belama no es solo una marca, es una parte de mi alma. Su nombre nace de la fusión de los nombres de mi hija, mi mayor inspiración, y representa amor, propósito y un nuevo comienzo.
Gracias por ser parte de esta historia.
Gracias por estar aquí.
La Fundadora.
